En el vasto jardìn alfombrado de hojas rojizas,
el fuego encarnò el deseo que calcina el alma,
dejando a solo dos corazones palpitando y viviendo.
Quiero darte el fuego de mi instinto, exprimir tus labios
en mi boca, cual fruto maduro y exquisito, beber el
dulce nèctar que tu boca ardiente emana.
Abrirte mi brazo ahuecado para para arrullar
tus sueños y decirte al oìdo que no hay inviernos,
que hay calor i cielos luminosos.
Que solo hay flores, rìos de aguas cristalinas que en su
cauce, traen mùsica melodiosa al silencio de mis tards frìas.
Y desde el universo profundo y estrellado traes tu amor
hecho poesìa que alimenta mi ser... Traes al sol tibio de
mis horas frìas, tiernas hojar y flores frescas que
adornan el jardìn soñado.
Entre dormidas flores y rumores de besos, se
deslizan por tus labios tersos pètalos de rosa agitando
el corazòn, despertando el furor de callados remolinos
que arrastran consigo la fragancia de las flores desde
lejanas distancias y el viento que trae el eco
repitiendo tu nombre que solo se pronunciar.
Bajo la luz de bosques sombrìos.
tièndete a mi lado para cobijar tus desnudos
misterios y sobre tu pecho hùmedopor la frescura
que inunda la hierba te cubro con el calor de mi cuerpo
y la luz de crepùsculos dorados.
Afuera la primavera rìe de todo, ella volverà a vestir de
verde la inmensa pradera germinando la tierra para
recoger las mieses de campo.
En la desnudes total de la naturaleza, la primera
raìz mìa brotò de la tierra y se cimentò a la tuya
para que la vida diera sus frutos
por siempre y para siempre.
Consuelo.
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